Hace unas semanas tuve la suerte de visitar el Reclusorio oriente del DF. Fui a ver un concierto de un grupo que se llama “Segregados” formado allí en el reclusorio. Algunos de los músicos aprendieron a tocar sus instrumentos entre esas cuatro paredes, otros ya tenían algo de base pero lo que son hoy ha nacido allí dentro.
Tengo que reconocer que los días previos estaba algo nervioso y ametrallaba a Clara con preguntas de inseguridad, a las que ella me respondió con serenidad.
Clara lleva 2 años haciendo un documental sobre las cárceles del DF y durante ese periodo se encontró con este grupo de gente al que le dedicó otro documental sobre la grabación de su disco realizada allí dentro en el reclusorio.
Después de pasar los pertinentes controles de seguridad llegamos a un pasillo al aire libre donde allí ya caminamos entre los presos. No me sentí nervioso ni intimidado en ningún momento, solo emocionado por ver donde estaba y lo que estaba a punto de vivir, aunque aun no era consiente de lo que estaba por venir.
Llegamos a la entrada del auditorio, donde se iba a realizar el concierto, y me vi caminando hacia la entrada totalmente rodeado por gente vestida de beige, clavando la mirada en todos nosotros y con los usuales silbidos al ver pasar a una dama frente a ellos.
Entramos. Al fondo el escenario. Cuatro escalones separaban la ficción de la realidad. Y una vez superada esa delgada línea , me recibe un abrazo.
Un primer abrazo que ya dejó claro desde ese momento lo que me iba a encontrar. A ese abrazo le siguieron muchos más, junto a las palabras de: “Joselito!!! Qué bueno conocerte y que vengas a vernos!!!”… Sin palabras.
En ese momento tuve la suerte de conocer a todos los miembros de Segregados junto a muchos otros compañeros.
Después de las presentaciones pertinentes me encuentro con un café sobre una mesa y a Toño, el batería de Segregados, diciéndome: “¡¡Joselito!! Ese café lo traje para tí.
A ese café le siguieron tés, coca cola, agua, empanadas…. No dejaba de oír de boca de todos y cada uno de ellos: “¿Estás bien? ¿Necesitas algo? Cualquier cosa que necesites no dudes en pedirnoslo” Y yo no podía dejar de decir gracias en medio de una mezcla de emociones aun hoy indescriptibles para mí.
Empezó el concierto y desde la primera nota, acorde, golpe de caja, riff…. Explotó la magia.
Una fuerza a ritmo de ska-reggae que acabó con todos nosotros a un lado del escenario bailando y recordándome a tiempos lejanos de mi adolescencia.
No fui capaz de borrar la sonrisa de mi cara ni un momento. Una maravilla de concierto!!!
Al acabar el concierto fui a felicitar a todos y cada uno de ellos, dejándoles ver mi admiración y todo la energía positiva que ellos me habían transmitido. Todo eso generó réplicas de abrazos y agradecimiento por su parte. ¡Pura magia!
Después tocó otro grupo del cual no voy a hablar ya que no tiene ningún fin sobre lo que estoy escribiendo.
Al acabar el acto, nos fuimos a la sala donde ensayan los “Segregados” y trajeron comida para todos y comimos todos juntos allí. A estas alturas creo que no cabe decir ya que durante la comida todo era: “¿Joselito qué te preparo? ¿Quieres más agua? Venga y come más!!!”
Al acabar de comer se fueron a recoger y nos quedamos unos pocos en la sala. Uno de ellos, Daniel, agarró una guitarra y empezó a tocar varias melodías conocidas. A él se le sumó Clara y Osvaldo, uno de los cámaras del docu, con un djembé. Regresaron los “Segregados” y cuando quise darme cuenta estábamos todos tocando juntos, improvisando, creando algo único y mágico. Yo acabé con un djembé también formando parte de esa energía que generaban a cada golpe.
¿El resultado? Un grupo de personas golpeando felicidad, compartiendo el alma en cada sonido, derrochando sonrisas a cada tempo…. Personas conectadas por la música a pesar de las diferencias y de las barreras que nos separaban. Algo inolvidable que siempre guardaré en el corazón.
Ya se hicieron las 19:00 y decimos marcharnos ya que nos quedaba un gran camino hasta volver a nuestra realidad.
Nos acompañaron hasta donde se les permitió. Y allí nos inundó un sinfín de abrazos, sonrisas, agradecimientos….
No podía creer como cada uno de ellos regalaba su sonrisa más sincera acompañada de palabras de agradecimiento por el simple hecho de haber ido a verles y de haber compartido ese día con ellos.
No amigos, soy yo el que tiene que dar las gracias… a Toño, Jona, Fabi, Paco, Güincho, Pascacio, Lalo, Daniel, Quiroz… por las sonrisas, los abrazos, el hacerme sentir como unos más de su familia, por la música, por la magia compartida, por esa batucada final…. y por ser como son.
“¡¡No se dejen atrapar!!” Nos decían al salir…
Ya es tarde amigos. Yo si me dejé atrapar… por su energía, su cariño, su música.
Puede parecer increíble como rodeados por cuatro muros puedan tener esa actitud tan positiva, esa fuerza, esas ganas de luchar, de vivir, de expresarse….
Mientras que nosotros, sin límites, sin barreras, sin nada que nos tenga atados de pies y manos, nos atrevemos a agachar la cabeza y mirar al suelo…. Da que pensar.
“¡¡No se dejen atrapar!!” Nos decían al salir…
Yo les digo lo contrario....
